192 personas murieron a tiros intentado cruzar el muro hasta que por fin cayó en 1989 un 9 de Noviembre, tras casi treinta años de vergüenza que separó a las dos Alemanias, de hecho la construcción era llamada por los occidentales el muro de la vergüenza ya que impidió que miles de padres no pudieran asistir a las bodas de sus hijos que vivían al otro lado porque o bien les cogió allí cuando se construyó el muro o consiguieron escapar. También hubo quienes no pudieron darles una atención médica adecuada a sus familiares ya que carecían de medios para ello en Berlín Este.
A pesar de tanto sufrimiento, hoy es un lugar turístico con un carril-bici que lo circunda, guías virtuales para insertarlas como programas en los teléfonos y dispositivos móviles para los visitantes; hasta una de las torres de vigilancia ha sido reconvertida en centro multimedia.
Solo quedan tres metros de los 160 que medía el muro pero a pesar de lo que costó echarlo abajo hay decenas de miles de personas, según algunas encuestas[1], que preferirían que las dos Alemanias hubieran seguido separadas ya que consideran una sangría económica la reunificación, una gran carga que han soportado principalmente los alemanes occidentales a través del llamado “impuesto de solidaridad”.

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